Viajar es una experiencia de placer y enriquecimiento, consciente e inconsciente. El desplazamiento puede ser en coche, en tren, en avión o en libro, porque los libros son medios y destinos, palabras con las que desplazarse y lugares por descubrir y redescubrir.
Desde que se comienza un viaje se pisa una tierra inhóspita, nueva, una Terranova. Precisamente esta voz, Terranova, me era indiferente hasta que en Euskadi escuché por primera vez, en euskera, Ternua, y me dijeron lo que significaba. Desde ese momento este término entró en mi vida de diferentes maneras. Me contaron historias de balleneros vascos que viajaban a estas lejanas tierras y de cómo la lengua vasca se llegó a hablar en las costas de la desembocadura del río San Lorenzo al océano Atlántico en Canadá.
Pero hace poco lo hizo de la manera mas poética posible. En uno de mis viajes a Madrid vi en la estantería de la librería Nakama un mundo nuevo del que había ya leído una reseña y estaba en lista de “a leer pronto”: El último día de Terranova, de Manuel Rivas. No dudé en hacerme con él, ignorante de que comenzaría un viaje maravilloso
Desde mi partida, en la primera página, empezaron el disfrute y el aprendizaje. Mis compañeros de viaje, principalmente Vicenzo, Amaro, Comba, el tío Eliseo, Garúa, y Dombodán, hicieron de cada momento una vivencia que escapó de las páginas y el tiempo. La librería Terranova, en A Coruña, fue el lugar perfecto donde hospedarse.
Una librería a punto de sucumbir a la especulación inmobiliaria da el puntapié a la narración que salta en el tiempo intermitentemente desde antes de su fundación hasta el angustioso presente. En medio, historias que van y vienen desde una orilla del Atlántico a la otra, en barco o dentro de una maleta, historias que huyen de una dictadura argentina y revolucionan por donde pasan, historias de epidemias acalladas, entre otra historias.
Hablar brevemente sobre este precioso libro me pareció la mejor forma de comenzar este otro viaje, que es Palabras agravadas, que me llevará a tantos sitios nuevos de los que hoy aun no soy consciente, pero que transitaré con consciencia con cada palabra.
Tan solo me queda dar las gracias a Manuel Rivas por abrirme este mundo, por su narrativa y por brindarme estos compañeros de viaje, a mí y a quien desee emprenderlo. Es altamente recomendable.

El último día de Terranova – por Manuel Rivas – 280 páginas – Alfaguara

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2 comentarios en “DESCUBRIENDO TERRANOVA

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