JOVEN DE CUARENTA Y PICO ¿OXÍMORON O PLEONASMO?

El sábado pasado leía el suplemento Babelia del País y me encontré con este comentario del poeta Luis García Montero: “Tenemos una idea de modernidad heredada del consumo, que pide romper con el pasado y fabricar novedades sin parar” (La modernidad es eterna, por Javier Rodríguez Marcos). García Montero hacía referencia a la literatura y en especial a la poesía, pero en mi mente se produjo una conexión inmediata con otro tema que me viene rondando hace tiempo: el enaltecimiento de la juventud en la sociedad actual.

En este sentido, a finales de diciembre de 2015 envié por e-mail a ctxt.es este comentario que hoy reproduzco en mi blog, referente a la siguiente frase de un artículo: “Es urgente que la UE, cada vez más cargada de odio, miedo y xenofobia, vuelva a poner la libertad y la justicia social en primer plano, que abra la política a los jóvenes y encuentre nuevas mayorías de progreso…”

Es recurrente encontrar, tanto en el ámbito de las esperanzas políticas como en el las promesas de futuro empresarial, artístico, literario, etc., la alusión a “los jóvenes”. Estos “jóvenes” se convierten en el baluarte de un mejor futuro, en el ejército para combatir la rancidez social que nos conduce anestesiados a renovadas épocas feudales (de las que dudo hayamos salido alguna vez). Y la verdad, estoy hasta la coronilla de encontrarme con esto, esa misma coronilla que luce radiante desde hace pocos años sobre mi cabeza. Mi discurso nace de la acumulación de fuerzas, esperanzas y anhelos que me invaden y me motivan diariamente, potenciados por la experiencia, en contraposición a una simple pataleta por la acumulación de años.

La “juventud” se da como sinónimo de renovación y cambio, como la fuente de ideas frescas que están fuera de las estructuras tradicionales, como el aire combativo plagado de ilusión, mientras que los no-jóvenes materializamos, por oposición y en términos generales, lo establecido y el conformismo, aquello que debe modificarse.

Primeramente, me suele surgir la pregunta si este enaltecimiento de la juventud es un lugar común al que se recurre sin más; si realmente se espera de estos jóvenes tal renovación o es mera retórica discursiva para manipular una parte prometedora del rebaño (no me refiero al artículo, sino en general). Reconozco todas estas características positivas y otras también en las nuevas generaciones, pero me opongo a restringirlas a ellas.

Mi intención aquí es extender las expectativas que se pone en estos “jóvenes” a generaciones menos jóvenes en años, pero igualmente ilusionadas en promover y provocar cambios, con un bagaje que potencia la energía lozana y que venimos luchando hace tiempo para desarmar los corsés dentro de los cuales se nos ha educado, y quienes deseamos, anhelamos, bogamos por una sociedad más progresista y justa.

Sumar y no descartar para la construcción de futuro: porque creo que hay una facción del sistema económico al que le interesa que los mayores de 40 queden/quedemos pendientes de un hilo en cuanto a expectativas y posibilidades. De esta manera se genera la necesidad de mantener el status quo sea este cual fuere, y se promueve el servilismo, se infunde una inercia que afecta a cualquier cambio que se desee, a cualquier lucha que se pretenda emprender, mediante el miedo a quedar relegado.

Pero yo me sigo considerando un joven de cuarenta y tantos, un iluso con planes, energía y motivación para el cambio y dispuesto a emprender batallas para demostrar que la verdadera juventud, o esas características que se le asocian, está en la actitud, en la inquietud y e desafío constante.

Para fabricar novedad es necesario conocer y considerar el pasado, y no romper con él, de la misma manera que es mucho mas positivo unir las generaciones y aprovechar la energía, experiencia y creatividad de cada una.

P.D.
OXÍMORON: m. Ret. Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador. (RAE)
PLEONASMO: m. Ret. Empleo en la oración de uno o más vocablos, innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho, como en en fuga irrevocable huye la hora. (RAE)

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