Igor salió de su letargo cuando Artur, el maestro de inglés, pronunció las palabras “Curiosity killed the cat”, y antes de llegar a la inevitable pregunta sobre su significado, intervino:

– La curiosidad mató al gato, sí, pero murió sabiendo algo más.

Estuvo a punto de espetar la réplica orignal “but satisfaction brought it back”. No obstante, creyendo que seguía el consejo de su padre, obvió esta parte.

Hijo, estamos orgullosos de ti, y quizá no lo entiendas ahora. Pero al menos en clase, trata de no mostrar tanto tus conocimientos, porque los otros niños no lo entienden y esto, luego, te trae problemas con ellos y con los maestros, que se lo toman como un desafío intelectual.

Esa tarde Igor regresó a su casa con una nota:

“Estimados señores Arróndegui: la brillantez de Igor es innegable y sus conocimientos lo son aun mas. Sin embargo, su actitud en clase provoca la ya consabida burla de sus compañeros y no contribuye al plan que conjuntamente hemos desarrollado para él. Agradeceríamos reunirnos para volver a tratar este tema. Reciban un cordial saludo, Artur Mas, maestro de inglés y director del colegio.”

Félix no lo regañó. Tan solo lo abrazó y le dijo que se quedara tranquilo, que estaba todo bien. Igor se sintió seguro entre los brazos de su padre. Mas aliviado, entonces, se fue a jugar a la biblioteca.

Frente a los libros, olvidó la mofa de sus compañeros, los ardides que ingeniaba para excusarse de jugar al fútbol, el tedio de esa metralla monótona que se disparaba de la boca de los maestros y que cada día se repetía en el aula.

Frente a los libros, sus ojos comenzaron a brillar. Ya conocía muchas de esas vidas, de esas historias, y sin embargo todavía quedaban tantas por descubrir. Solo tenía que ponerse allí, delante de ellos, y elegir cuál sería el próximo.

Alzó la cabeza y su vista se fijó en un nombre, Herman Melville. Siguió leyendo y vio “Moby Dick”, edición bilingüe. Estaba bastante arriba, pero pensó que no lo suficiente para necesitar ayuda. Se acercó, estiró el brazo, se puso en puntillas y tocó el lomo. No lograba asirlo. Pegó su cuerpo aún más a la estantería y volvió a intentarlo. Con mayor esfuerzo pudo apretarlo entre sus dedos. Probó tirar hacia fuera y observó como “Bartelby” y “Pierre”, cada uno a un lado, en orden alfabético, también amagaban con salir. Pero no lo soltó, y con pequeños movimientos oscilantes derecha-izquierda, izquierda-derecha, fue despegándolo de sus compañeros. Cuando finalmente ya casi estaba fuera, la gran ballena blanca de 1600 páginas de peso se deshizo de su captor e inició el descenso directo hacia él. Durante el segundo más largo de su corta existencia, consciente de su torpeza física, imaginó diversos finales ante la inevitable embestida del monstruo. Y cuando éste se disponía a darle de lleno en su cabeza, Igor se trastabilló hacia atrás y el enorme cetáceo de papel aterrizó sobre su pecho. En un acto reflejo, para él desconocido hasta el momento, había quedado sujeto entre torso y manos, y él congelado en esa extraña posición.

Tras quitarse el miedo del cuerpo, se fue incorporando lentamente y cogió el libro con las dos manos. Habiendo recuperado también su ritmo normal de respiración, miró la tapa, la acarició y con el brillo nuevamente en sus ojos lo llevó hasta el escritorio. Lo abrió, repasó fecha de edición, título original, traductor y llegó hasta la primera página. Su corazón volvió a acelerarse, pero el motivo esta vez era muy distinto. Allí estaba, frente a él. Ismael decía que se llamaba. En tan solo un instante sentía tener un nuevo amigo y estar a punto de embarcarse en una excitante aventura. Ya podía decir, con mayor certeza aun, que la curiosidad no mata a los gatos.

Por mí – Febrero de 2016

Cuento basado en la imagen de portado del fabuloso libro JO CONFESSO de Jaume Cabré

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2 comentarios en “LA CURIOSIDAD CASI MATA AL GATO

  1. Me ha gustado mucho el cuento, Norman.
    Tienes la capacidad de mantener la atención del lector hasta el final, de que tengamos ganas de seguir leyendo hasta averiguar qué es lo que va a pasar al final, ¿Caerá ese libro? Imagino el esfuerzo de Igor, de puntillas, intentando alcanzar con la punta de lo dedos, rozando, casi, casi…
    ¿Es casual el nombre del director de la escuela? Supongo que no.
    Moby Dick, vaya con el libro elegido. ¿Te imaginas leerlo por primera vez? Y con la imaginación que se le supone a ese niño, una verdadera aventura.
    Supongo que ya lo sabes pero Herman Melville es tío bisabuelo de Moby, mi compositor de música electrónica favorito.
    Felicitaciones

    Le gusta a 1 persona

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