ZUM KUSS o la oda al beso

ZUM KUSS

El calor que desprenden las tenues llamas de las velas difumina los jardines verdes y sinuosos del Elisabethenanlage, a pocos metros de la estación de tren de Basilea. El enorme ventanal circular y las luces de los candelabros, junto con el solo de piano que me envuelve suavemente, infunden esa paz tan típica de la ciudad. Quizá, en este caso, una paz típica del espacio que una vez albergó el Totehüüsli o cementerio de la catedral. O quizá sea el blanco inmaculado de las paredes en armonía con el suelo gris, la calidez de la madera, los cuadros y los libros sobre la gran mesa redonda en el centro de esta antigua capilla, que me sumergen en el ambiente acogedor del Kaffè Kultur Bar Zum Kuss. Como en búsqueda de un beso que me acaricie con ternura y suavidad, que me arrope y cobije desde dentro, aquí me resguardo del frío de diciembre mientras me rodeo del ya no tan extraño sonido del alemán local.

Como si de un beso sonoro se tratase, resuena en mí el nombre de este café en una cultura que siempre imaginé lejos del roce gentil de unos labios. Besos de hola, de adiós, de te quiero, de abrázame. Los besos dados y los besos por venir. De repente me doy cuenta de la importancia que tienen los besos para mí y cómo dirige mis pasos y destino.

En mi “Buenos Aires querido” el beso es omnipresente. Nos besamos al levantarnos y al acostarnos, al entrar y al salir de casa, en el trabajo, se besan entre mujeres y entre hombres. ¡Hombres! Los hombres se besan entre sí sin ningún tapujo, con orgullo, mostrando cercanía, intimidad.

En España se dan dos besos, pero entre hombres solo cuando son familia o hay mucha confianza. En Francia son dos o tres, dependiendo de la zona. En Alemania, Suiza, países Escandinavos o Gran Bretaña el beso escasea por doquier. Entre padres e hijos es más común, pero ni siquiera entre mujeres es un acto habitual con amigos. Y por supuesto que en el trabajo el beso es inexistente. Seguro habrá excepciones, pero son eso, excepciones.

Y es quizá esa cercanía que da el beso, esa acto íntimo e informal que abunda por mi ciudad porteña, esa barrera que se rompe cuando se juntan las mejillas, ese calor que abriga desde adentro, lo que me hace falta, lo que añoro.

(Zum Kuss: podría traducirse como del alemán como “en casa del beso”)

 

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